
Estábamos en un bar con no demasiada luz, supongo que para no vernos las caras de desesperación y tragedia. Manuel pagó las tres últimas rondas. Mis escasos ahorros los había invertido la noche anterior en botellas de vodka. A lo lejos sonaba música portuguesa, amenizaba los largos silencios de las cinco personas que estabamos en el bar.
- ¿Vas bien?
Después de diez minutos respondí
- Voy, que es suficiente. No sé en qué dirección. Simplemente voy.
- Lo bueno de estar hundido es que cuando tocas fondo, sólo queda subir.
- Yo no he tocado fondo, me mantengo inmerso en la mierda. - Encendí un cigarrillo y pasé el paquete a Manu
- Te lo advertí, ese chocho te dejaría seco, te has dejado desplumar.
- Sigo teniendo mis pelotas.
- Ese es el problema. - Manu dio un trago largo - Tus pelotas ahora son tuyas, ella juega con las de otro.
- Esa zorra ya jugaba con las de otro.
Bebimos durante un par de horas más. El dinero no dio más de si, y no teníamos cara de poder pagar lo que bebíamos, así que no nos fiaron.
Me monté en mi coche, conecté el equipo de música y lie un cigarrillo. Me lo fumé tranquilamente mientras decidía sobre mi vida. Arranqué y tiré. Durante el recorrido a casa, pensaba en lo que mi amigo Javier Ibarra decía: "demasiado cómodo para un masoca sería el suicidio." Tal vez tuviese razón, tal vez yo me buscase esas situaciones. Tal vez fuese feliz siendo infeliz, sufriendo. Boston ganó de uno, Pierce, sobre la sirena. Esa noche él sería un tipo feliz, seguro.
Juan Díaz







No te imaginas lo que me ha servido esta frase….y lo mejor de todo ,es que tiene razón………”cielo” …..a subir!!!
Un besin enorme!!