Blog personal de Juan D. y Belén M.

El Abismo de Juan y Belén

Mi casa, mi vino, mi hígado

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Hacía semanas que no salía a la calle. La última vez que lo hice noté la mirada punzante del vecindario clavárseme en la nuca. Podía oír el susurro de las vecinas:


-Ahí está, tambaleándose, apuesto a que vuelve a estar borracho.

-Su mujer pasea junto a un hombre mucho más joven y atractivo

-Además, ¿has visto que tripa? Seguro que ha olvidado lo que hay debajo.

Sara ya no escondía su amor por él.
Los vi a través de la cortina, dentro del flamante Chevrolet, despidiéndose con un beso largo y húmedo.


Entró por la puerta con los tacones en la mano.

Se sorprendió al verme aún despierto. Caminó entre las latas de cerveza y los cartones de vino.


-¿Qué demonios haces despierto? – No era exactamente la bienvenida que un marido espera - ¿Has estado bebiendo?

-Mi casa, mi vino y mi hígado. Ellos no se comportan como unas putas. Te he visto besarle.

-Estás borracho, apestas a alcohol.

Sara se sentó en la mesa. Llevaba un vestido realmente corto, podía verle los muslos. Siempre ha tenido unas buenas piernas, incluso cuando su pecho cedió a la gravedad, sus piernas seguían siendo magníficas.

-¿Te gusta lo que ves, Juan? – separó un poco sus piernas mostrándome el camino. – Jimmy dice que tengo unas piernas fantásticas.

Di un trago a la birra y continué con la mirada fija en sus piernas. Ella jugaba a humedecerse los labios con su lengua y a acariciarse el pecho con su mano derecha.

-Jimmy si sabe como hacerme disfrutar, y me trata bien, él si es un caballero con las mujeres. No bebe y hace deporte. Y tú tienes esa tripa… y ese color amarillento de piel.

Me levanté y me acerqué. Di un último trago a la cerveza y tiré la lata contra la televisión. Abofeteé a Sara con todas mis fuerzas. Cayó de espaldas contra la mesa. Quedó inconsciente, o muerta, o ambas cosas.

La rodeé con mis brazos peludos y la besé fuerte. Metí mi lengua dentro de su boca y acaricié uno de sus pechos.  Subí su falda y bajé mis pantalones. Me masturbé.

Acaricié su vagina y se humedeció. Recorrí sus piernas con mi lengua. Mi pene se puso duro y la penetré. Incluso inconsciente tenía que dolerle.

La penetré fuertemente dos o tres veces, gruñó. La agarré por el cuello y continué empujando.
Arañó mi espalda. Esa zorra me estaba arrancando la piel. La agarré y la puse contra la pared.

-Hijo de puta – Me gritaba – Me estás violando.

-Eres mi mujer, y la puta de ese tipo. Él es quien te viola.

Empujé unos minutos más hasta eyacular. Me tiré a un lado, ella quedó boca abajo en el suelo.

Abrí una lata de cerveza.

Suspiré, uno de los mejores polvos de mi vida. Suspiró, uno de los mejores polvos de su vida, dijo.

El hijo de nuestro vecino tocaba sus primeros acordes con la guitarra.

Comentarios (1)Add Comment
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escrito por Bel, julio 23, 2009
Sin duda, el hombre un cabron por hacer lo que hacia...pero, podriamso resistir muchos lo que Sara le hacia?? bien bien, no es escusa para hacer aquello..pero cada uno es como es.
Me gusta el escrito, tiene crueldad, pero entre lineas, ami me hace pensar.

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