No me siento culpable -pensé-
Pasaron veinte minutos y seguía sin el sentimiento de culpabilidad. Ella yacía en el suelo. Salvo por el charco de sangre y el golpe en el lateral de la cabeza, parecía que tan sólo estaba durmiendo.
Yo continuaba con la llave inglesa en la mano, sugetándola con todas mis fuerzas.
Comenzaron a pasar imágenes por mi mente, de ella sola y de ella conmigo. Mis cumpleaños, cuando me acompañaba a los partidos del barça, cuando se peleaba con los profesores por mí, cuando canturreaba mientras cocinaba. Nunca ha cantado bien, tal vez deba culpar a su forma de cantar, sí, su forma de cantar me hizo matarla.
Mentiría si digese que no la quiero, es mi madre, y a una madre se le quiere aunque no se le diga.
Terminé mi copa de vino.
Paseé por el barrio y me deshice del arma. Hablé con un par de vecinos y entré en una tienda de zapatos. Volví a casa.
Llamé a los mossos d'esquadra. Desordené ropas y tiré muebles al suelo.
Cogí cincuenta euros del joyero de mi madre y esperé.
Llegó un agente y su ayudante. Me hicieron varias preguntas. Lloré.
-El agente dijo- Todo apunta a un robo. No podemos recuperar la vida de su madre, pero cogeremos a los que han hecho esto y recuperaremos sus pertenencias.
Salimos del piso.
Volví a la zapatería y compré unas botas altas para Belén, costaron 49,95€. Estaban de oferta.






