Uno sabe que está enamorado, porque se despierta con una sonrisa de oreja a oreja. Porque en vez de andar, tiene la sensación de que está levitando. Y porque cuando se mira en el espejo deja de ver al feo barrigudo de siempre, ve reflejado a un tipo apuesto, atractivo.
Yo ese día me vi guapo. Muy guapo.
Belén ya había conseguido que mi cabeza pensase en ella constantemente. Ahora, después de esa noche, mi corazón obligaba a mi cuerpo a conquistarla. Tenía que ser mía, y el viaje a Sevilla me daba unos días para hacer que ella pensase en mí, de la misma forma que yo pensaba en ella.
Papás por sorpresa
David, el bebé de Mirian, reclamaba juego. Y nosotros, encantados, se lo dimos.
Jugábamos con él y con todos sus cacharros de niño pequeño. Yo le enseñaba cosas de hombres, y Belén le enseñaba a maquillarse. Ambos nos reímos cuando le explicábamos a Mirian la posibilidad de que David, con el paso del tiempo, empezase a maquillarse y ponerse vestidos.
David, que entiende sobre buenas personas, se pegó a mí como una lapa. Mantuvimos conversaciones interesantes sobre temas variados. David evitaba mis preguntas muy hábilmente.
- David, ¿tu tita debería ser mi chica? - le preguntaba yo
- ¿eing?
- ¿Belén debería salir conmigo? - repetía
- ¿eing?
Desistí. Mirian preparó un biberón y me dejó dárselo.
Belén, desde el otro lado del sofá, me miraba mientras le daba el biberón. David lo deboraba. Yo me sentía feliz, sonreía.
Fue en ese justo momento, cuando Belén y yo cruzamos las miradas. El tiempo, como pasó en nuestra primera cita, se paralizó. Ambos nos manteníamos en silencio, pero sabíamos exactamente qué pensaba el otro.
Juntos estábamos cómodos, felices. El mundo a más de 2 metros de nosotros, no importaba lo más mínimo. Yo estaba centrado en ella, y ella se mostraba feliz.
Escenas de matrimonio
La pareja de Mirian y yo salimos a por la cena.
Nunca bebo cerveza, no me gusta. Juan, el chico de Mirian, se adelantó y pidió al camarero que nos sirviese una a cada uno. A disgusto la bebí. Mientras él charlaba con sus conocidos, yo no dejaba de pensar en lo mucho de menos que estaba echando a Belén. La necesitaba cerca de mí.
Belén, tiene
un poder magnético. Cuando no estás con ella, necesitas que el tiempo pase rápido para volver a estarlo. Aún a día de hoy, seis meses después, lo paso mal cuando ella no está conmigo.
Una vez la cena estaba lista, volvimos a casa.
Fui a la habitación para ponerme ropa cómoda. Belén corrió detrás mío. Una vez solos ocurrió una de las escenas más graciosas que jamás me habían pasado.
Yo esperaba un beso de bienvenida. Recuerdo haber puesto morritos tímidamente.
No hubo beso.
Belén, con la pose de una madre regañando al hijo que llega de fiesta, me dijo:
-¿De dónde vienes, que has tardado tanto?
Ambos sonreímos. Fue divertido.
Esa noche volvimos a amarnos.

escrito por Belén, enero 26, 2010
te quiero!



y a seguir asi muchos meses mas eh


