
No es por excusarme, pero se puede decir que se lo buscan. Sé que eso no rebaja mi condena, y que mi conciencia no debería quedarse tranquila, pero cuando las veo caer siento placer.
Antes de dormir, Belén y yo hacemos repaso a la habitación, y cualquier bicho con alas que ronde acaba en el suelo, ya sea por un castañazo mío con los gallumbos o por Belén, que tiene la estúpida habilidad de coger las moscas al vuelo.
Hasta ahí todo es normal. No hay ninguna obsesión.
La obsesión ha surgido hoy. Estaba en telefónica, tranquilamente rondando entre departamentos, cuando sentí la necesidad de mear.
Me dispuse.
De repente, pene en mano, observé una mosca tranquilamente posada en el urinario donde apuntaba.
A los hombres, algunos, nos cuesta mear en el boquete enorme que tiene el retrete y salpicamos. Bien, yo asesiné a presion, con el chorro, a una mosca que no alcanzaba el centímetro de longitud. De alguna forma, se puede decir que la maté con el rabo; como hacen los caballos y las vacas.
Amigos, amigas, aquí confieso mi asesinato.







Con el rabo?? Meando? Que fuerte!! jajaja.