“Jugamos el mismo juego cada día y sin cometer los mismos errores uno tras otro. Dicen que caemos varias veces sobre la misma piedra, pero en mi camino no las hay.”
Miradas que hablan.
Las mujeres nos damos cuenta si un hombre merece la pena tras verlo jugar con un niño pequeño.
Juan juagaba con David, que en aquel entonces tenía un año y poco más. Lo cogía y le daba besos, le hacía pedorretas en la barriguita, le daba charla y juerga y le preguntaba mil y una cosas a lo que él sólo respondía, “Eing?”. A mí se me caía la baba.
Ten
go que admitir que tengo el instinto maternal por las nubes quizás des de que la edad del pavo se marchó de mi vida. Así que ver a Juan jugar con un bebé me hacía perder un poco los papeles. Se me pasó por la cabeza, en un arrebato de locura, pedirle que me hiciera un hijo ya, pero el hecho de esperar nueve meses me hizo echarme atrás.
En cierto momento de aquel día, mientras yo me bañaba con la manguera en el patio jugando con David, e intentando que no llorara cuando sacaba escasos segundos la manguera de encima de su cuerpo y la enfocaba a mi para yo sofocarme el calor, Juan se acercó a bañarse también y jugamos con nuestras miradas.
- Que mala que es tu tita eh David? – Decía Juan
Más tarde, aún jugando con David, Mirian debía de estar muy contenta por ello, sentados en el sofá, Juan y yo tuvimos un cruce de miradas mientras mirábamos a David que quizás para otro hubiera sido el detonante para salir corriendo. Fue de esas miradas en las que se dicen más cosas que en mil palabras, de esas que hablan de…cómo dice él ahora:
“Yo quiero uno contigo”
Y con juegos llegó la noche.
Juan y Juan (novio de Mirian) fueron a comprar unos Frankfurt al bar del pueblo. Mirian y yo nos bebimos unas cervezas esperando.
Tardaron bastante y al llegar, cuando Juan fue a la habitación a dejar las llaves del coche, fui detrás de él, y con los brazos cruzados, le miré y le dije:
- Donde has estado que has tardado tanto?
Se tronchó como jamás lo había escuchado. Parecía una discusión de matrimonio, y así entre risas acabo.
Cenamos y fuimos a la cama. La noche empezó con sexo.





