“Estábamos mirándonos fijamente y aun sin saber cómo mover la boca nos hablábamos. Yo me guiaba por el cambio de sus pupilas, él por el cambio de mi iris. Y así nos comunicábamos. Más tarde la lengua seguía sus pasos. Las manos se entrelazaban. Acabamos haciendo el amor.”
Recuerdos.
Era un sábado cualquiera, de un mes de Julio. Me encontraba preparando todo para mi actuación de teatro. Teníamos que montar todo el escenario y ensayar. Mientras ambas cosas sucedían yo tenía la cabeza en el principio de aquella “relación” de amistad-amor-atracción mutua.
Una semana atrás.
El sábado anterior, me encontraba fuera de casa, pero gracias a la alta tecnología pude ver mis nuevos correos. Vi que alguien me había hecho una petición de amistad, -Juan Díaz- pensé- No me suena- pero lo acepte. Quien sabe por qué. Me fui hacia su muro y le pregunté quién era. Navegue un poquito por su perfil, mirando sus fotos y sus aficiones: Juan Díaz Delgado, 23 años, nacido el 1 de Mayo del 86, de Terrassa y París, con página web, le gusta metálica, leer…- pfff, un friki- pensé. Y me olvidé.
Al día siguiente un nuevo correo me llego. Era Juan. Me contestaba.
- Hola! No me conoces y yo a ti tampoco, pero me pareciste una chica guapa y me gustaría poder conocerte.
Me enfadé, me enfadé mucho. Sólo le importaba el físico, y enfadada le contesté.
- Pues aparte de guapa soy borde, así que no te fijes tanto en el físico.
Y se lo envié, quedándome más pancha que ancha.
No tardó en contestarme.
- Y eres borde en plan Risto Mejide o cómo? …No es que solo me fije en el físico, es que es lo único que puedo ver de ti a través de una foto. Por eso quería conocerte.
Entre otras vaciladas más.
La verdad es que sudé bastante de Juan. Me daba bastante igual si quería conocerme o no. Aunque tengo que admitir que no había sido un buen día, y que quizás por eso no me importó lo mas mínimo ese nuevo chico.
Después, cuando el enfado se marchó, cuando volví a ser yo, analicé su comentario y me sentí mal.
Me sentía realmente mal, aunque no sabía por qué. Quizás le veía un tonto que no ligaba nunca. Aunque más tarde supe que no era eso lo que pensé de Juan.
Al día siguiente me agregó al chat y le pedí disculpas por mi actitud, y me perdono sin dudarlo. Con el tiempo me di cuenta de que era una persona realmente fascinante. No era nada tonto, y al contrario de lo que yo creía, ligaba un montón. Así que quisiera perder el tiempo chateando conmigo me hacía sentir un poco especial.
Volviendo al presente.
Tuve que volver de las nubes, tenía que prestar más atención al presente. Cogí el coche hasta mi casa para cambiarme, la obra no tardaría en empezar. Y allí me quede. Ignorando mi responsabilidad hacia teatro.
*Tengo que explicar que se trataba de una pequeña comedia montada en medio de una carrera que, por cierto, organizaban mis padres. No importaba quien hubiera o quien no, importaba el escenario y un zombie por allí vagando. Yo había montado todo el espectáculo y el baile de presentación. Si yo no salía, no importaba.*
Le envié un email. Inventando un escusa de nuevo para quedar. Pero no me contestaba. El tiempo pasaba y yo no paraba de hacerle llamadas. Juan no daba señal.
Intenté dormir un poco, y aunque el sueño me vencía, me parecía oír sonar todo el rato el móvil. Quería estar con Juan.
Apenas hemos dormido 3 horas Belén, estará durmiendo- me intenté tranquilizar.
Ya pasaban 3 horas y cuando estaba a punto de rendirme me llamó. Me excusé por mi insistencia en llamadas. Me sentía mal, ¿pero que podía hacerle? ¿Dejarle escapar? No podía, me sentía muy atada a él. Al final habíamos quedado en un par de horas. Volví a ganar.
Me vestí lo más sexy posible, y me fui a ver a mis padres a la fiesta que se montaba después de la carrera. Les comenté que me iba de fiesta y así no preocuparles por si la noche se alargaba
No pasaron
ni 5 minutos después de despedirme de mis padres cuando Juan volvió a llamarme.
Me lo preguntó una y otra vez, al ver que yo no reaccionaba. Ángel, mi amigo, me miraba preguntando con los ojos que pasaba. Yo no podía ni respirar. Sí, estaba dispuesta a aceptar.
Mis planes habían cambiado. Di media vuelta, se lo comuniqué a mis padres y corrí como nunca lo había hecho hacía mi casa para cambiarme.





