“Me sentía un poco extraña al ver todo lo que pasaba y en el poco tiempo que pasaba. Sabía que el tiempo no corría como debía, pero aun así me notaba alterada, fuera de mí. Esperaba que todo en poco tiempo cambiara. Corríamos al son de la música, juntos, aunque el siempre decía que no le gustaba bailar.”

Una noche para recordar.
El camino hasta Barcelona capital se me hizo fascinante. Ya había ido antes a Barcelona, pero nunca por ese motivo, y como así decirlo…sola.
El Cd que le hice a petición suya para nuestra primera cita no le gustó demasiado, aunque lo disimulaba penosamente jeje. Me sentía como una niña pequeña a punto de llegar al parque de atracciones.
Llegamos a nuestro destino y metió el coche en el parquin.
Barcelona de noche da miedo. Ojala hubiera tenido más confianza con él, para agarrarle fuerte de la mano y que no me soltara. Tenía miedo. Así que como no me sentía con valor de cogerle y agarrarme a él lo más fuerte posible, decidí, que mientras camináramos por la rambla en plena noche, yo iría siempre un paso detrás de él, para no perderme, ni dejar que se fugara y me dejara sola.
Si es cierto, queda un poco paranoico pensar que se quisiera fugar de mí. Pero por si acaso.
Mientras comíamos tuvimos conversaciones de lo más surrealistas y graciosas. Hasta llegue a pensar que me atragantaría. Y él no paraba de repetir lo buena que era esa Coca-Cola.
No paraba de reírme, y de reírme ahora al escribirlo y recordarlo.
Después de un buen rato sentados intentando comer, volvimos a realizar el paseo por la rambla, y aunque me sentía un poco más unida a él, ni le toque y seguía caminando un paso detrás de él.
Recuerdo que en algún momento su mano tocaba mi espalda y no podía evitar que se me erizara la piel.
Fuimos al puerto a tomar una copa. Ya íbamos un poco tocados, aunque a mí se me notaba mucho más que a él. Se hacia el duro, lo sé.
Yo no paraba de observar todo lo de mí alrededor, y no podía evitar sentirme como pretty woman, o como una princesa rescatada de sus muros.
Los dos sabíamos que la noche no podía acabar allí, así que a pesar de la hora decidimos ir a un club a seguir conociéndonos y seguir bebiendo.
Era un lugar que no pegaba para nada en él, así que supuse que todo lo hacía para que yo estuviera cómoda.
Reconozco que no pare de provocarle, y me encantaba porque funcionaba. Al subir las escaleras notaba su mirada clavada en mi culo y mientras bailaba notaba su cuerpo atraído por mí.
Me sentía incluso un poco excitada, quien sabe si el también.
Cuando salimos de allí aún no teníamos ganas de que la noche acabara, y yo tenía mucho pipi de tanto alcohol.
Me llevo a la playa, pero a la playa desierta. Jugué con las olas y me mojé las braguitas, me agarro por detrás abrazándome y recuerdo con una gran sonrisa lo que me dijo.
- Quítate las bragas.
En ese momento admito que me asuste, pero me puso un poco. Puede que por el alcohol, pero la cuestión es que me excite un pelín.
- ¿Porque?- le pregunté
- Para no notarte mojada.
Me llevo al coche a caballito y allí seguimos hablando.
No parábamos de hablar y hablar.
Cuando volvíamos para mi casa, no paraba de pensar en que quería seguir con él, así que lo lleve al primer lugar que se me ocurrió.
Fuimos a un bosque cerca de mi casa. Allí sentados encima de una piedra, el acariciándome la espalda, lo miré y pensé en lo agusto que estaba a su lado.
Al llegar a mi casa y salir del coche temí no volverlo a ver jamás, así que me giré y le regalé una gran sonrisa para ver si algún día la anhelaba y quería volverme a ver.
El creía que yo ya había entrado a mi casa cerrando la puerta tras de mí, pero la deje medio entreabierta mirando por una pequeña ranura verse alejar al chico que quizá me estaba robando los sueños.






vas a seguir escribiendolo? me encanta