“intentaba sostenerme en pie después de tantos fracasos. Él me suministraba cada vez más dolor en el pecho. Las ganas de llorar aumentaban, y aunque sabíamos que en ese momento nos queríamos mas que nunca, de nuestra boca solo salía odio.”

Me pase toda la tarde arreglándome. Me probé cientos de modelitos hasta llegar al indicado. Incluso me maquillé, cosa que no solía hacer nunca. Él estaba al corriente de todo aquello y no parecía afectado al “ir de compras con una mujer” aunque no sabía que en realidad era una estrategia para quedar en persona.
Creía que yo tenía otros planes, pero en el último momento, le dije que los cancelé. No paraba de insistir que estando tan guapa tenía que salir. Así que le dije que saliera el conmigo.
- No podemos, es muy pronto.
- ¿Pronto? ¿Pero si decías que querías dormir conmigo?
- Si pero en unos 10 días- Me dijo
- ¿10 días? ¿Porque? Yo quiero hoy.
Y así pasaron las horas, hasta que lo convencí. Aún me pregunto si en realidad quería venir, o fue solo por pesada.
Los nervios me comían y sé que mi madre me lo notaba. Ella se reía y yo no paraba de mirarme al espejo y dar vueltas por toda la casa.
Al final me senté en los escalones de mi casa, observando mi jardín y mi perra jugando en el. Iba pasando el tiempo, y el nervio me comía. Me encendí un cigarrillo, y mi madre se unió.
Seguía pasando el tiempo, aunque esta vez muy lento. Mi corazón latía a 100 latidos por segundo, o al menos eso me parecía a mí.
A cada coche que escuchaba me levantaba y miraba si era él, se me aceleraba el corazón y me sonrojaba un poco. Y al ver que estaba equivocada todo volvía a la normalidad menos el corazón, que latía cada vez más fuerte por miedo a que se hubiera echado atrás.
Cuando ya creía que me habían plantado, sonó el teléfono.
- ¿Donde vives?
- En el numero 6. – Le contesté.
Salí a la calle y ahí estaba, al final de la carretera. Mirándome, caminando hacia mí.
En mi jardín, mis padres son presentes de nuestro encuentro.
Nos acercamos, los dos sonriendo.
- ¿Donde ibas? – Le pregunto mientras le doy dos besos.
- Yo que sé.
Me subo al coche con mi vestidito azul, con las piernas bien bronceadas por el sol de verano.
El arranca el coche y nos vamos.
Durante todo el camino le fui mirando sin que él se diera cuenta.
Estuvimos hablando todo el rato y riendo sin parar. No quería que el día acabar jamás.






o a algun sitio donde publiquen a varios artistas.
La historia engancha