Intento sonreír y no puedo. Me siento perdida dentro de un bol lleno cemento a punto de secarse. Y aunque a veces lo intento, en la expresión de mi receptor puedo ver que no ha funcionado. Busco videos por internet de chistes y caídas graciosas, pero ningún resultado aparente en mi cara aparece. Imagino y recuerdo escenas en las que me pude reír y no encuentro mi sonrisa perdida. Mis dientes empiezan a sentirse húmedos, necesitan la brisa del incienso que acabo de encender. Miro por la ventana y veo a los niños jugar, se caen y se ríen. ¡Que envidia me dan! Siento que acabaré por perder la facultad que de pequeñitos nos enseña a deslumbrar a los mayores con nuestros encantos dentales. Me ahogo en la amargura. Me siento impotente. Me miro al espejo. Tengo cara de amargada. Me doy gracia a mi misma y sonrío. Maldita sonrisa que desapareciste, ahora sé que solo tengo que mirar lo nostálgica que puedo llegar a ser y así reírme de mis propios disgustos.
¿Moraleja?
- ¿Quién mejor que tu misma para hacerte feliz?
- Si te ríes de ti, da igual si los demás también lo hacen.





