¿No os ha pasado nunca que tenéis las lágrimas asomando por los ojos pero estáis en algún lugar en el que os vean llorar no sería la mejor situación que se podría proponer para esa hora?
A mí, a diario.
He pasado el sarampión y la dichosa varicela. Además esa edad en la que nos lo metemos todo en la boca ya se alejó de mí. La edad del pavo ya no está alterando mi humor y aún no he llegado a la crisis de los treinta, por supuesto.
¿Cómo llamar al tránsito de tiempo que sucede entre la edad del pavo y la crisis de los treinta?
Yo la he llamado “patética”, “edad patética” digo. Por el significado en sí literario que bien dice “adjetivo que infunde en el ánimo sentimientos vehementes, en particular de dolor, tristeza o melancolía”. Así entonces, patetismo llamaría a mi estado de ánimo frecuentemente.
No por razón que pueda llamar como convincente, si no por aquellas no entendidas por persona alguna.Dicho así poco corriente puede que quede ¿no?. Pero aunque no lo pueda parecer, es una edad más que tenemos que pasar tanto hombres como mujeres. En hombres conocido como “cabrones”.
Aunque se han e
ncontrado algunos casos de “patetismo” después de la crisis de los treinta, diagnosticados como “depresión permanente”, suele marcharse en un período de meses a un par de años.
En cuanto al “cabronismo” en la mayoría de casos ha sido un problema permanente haciéndolos solteros y paga lumis permanentemente, pero algún hombre ha podido salvarse.
Hombres que pasaron como la gripe se pasa, el cabronismo. Mucha cama y mucho sudar. Puede que aún estén a tiempo de vivir con mujeres que aún no tienen los treinta.
Lloran, y lloran mas. Y los hombres tienen tendencia a recaer en el cabronismo. Una mujer así tiene que agotar…no lo dudo.
Yo sufro de “patetismo”.
Y por ello, para no llorar:
- Respiro hondo la mayoría del tiempo.
- Intento evitar películas románticas.
- Me paso el día pelando cebolla para poderme excusar.
- A menudo voy a la ducha o me encierro en el baño.
- Y escribo para olvidar.
El latido de mi corazón remarca mi sentimiento disimulándolo con mi voz.
¿Chillo? No, es que no me oigo bien.
Seguramente en unos meses se me vaya, pero por el momento, para que mi chico no recaiga en el “cabronismo” creo que seguiré escondiendo mis sentimientos.
Así dicho pues, yo sigo en la edad del pavo. Por disimular, digo.
¿Y tú?







yo estoy en la edad del mosqueo permanente.
Si me tocan muerdo!